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Soberanía sanitaria:
una necesodad para Colombia

Por: Leonardo Arregocés – CEO BogotáBio

7 de septiembre del 2026

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La pandemia de COVID-19 nos dejó una lección que no podemos olvidar; para proteger la salud de un país no basta con tener recursos para comprar medicamentos y vacunas. Es necesario poder acceder a ellos oportunamente cuando se necesitan, especialmente cuando la demanda aumenta y las cadenas de suministro están bajo presión. Para Colombia, esa lección debe convertirse en el compromiso de construir las capacidades que nos permitan responder con mayor autonomía a las necesidades de nuestra población, particularmente en momento de crisis.

A esa capacidad la llamaremos soberanía sanitaria. No significa producir todo lo que consumimos ni cerrar las puertas al comercio internacional. Significa contar con conocimiento, recurso humano e infraestructura suficiente para decidir cómo acceder a las tecnologías que necesitamos, cuáles vamos a desarrollar y producir en el país. Significa hacernos parte del ecosistema internacional con capacidades propias y preparación para actuar ante una crisis.

Esta es una tarea que va más allá del sector salud. Es una apuesta por la ciencia, la seguridad y el desarrollo económico de Colombia. Fortalecer nuestra capacidad de producción contribuye a un abastecimiento más oportuno y estable de medicamentos y otros insumos priorizados por su alto valor.

“

La soberanía sanitaria no significa producir todo lo que consumimos ni cerrar las puertas al comercio internacional

”

También abre oportunidades para formar investigadores, desarrollar tecnologías y ofrecer a nuestros jóvenes un futuro profesional en el país. Cada capacidad que construimos amplía nuestras posibilidades de prevenir la enfermedad, recuperar la salud, reducir el sufrimiento y de responder a los desafíos que vendrán.

La soberanía sanitaria también nos invita a pensar de otra manera los recursos que destinamos a la salud. Producir en Colombia puede ampliar la competencia y contribuir a obtener mejores precios, siempre que logremos condiciones de calidad, efectividad, eficiencia y escala.

Los beneficios potenciales se extienden a toda la economía. Alrededor de la producción de vacunas, medicamentos y otras tecnologías de salud pueden crecer empresas que suministren insumos, equipos y servicios especializados. Estos encadenamientos productivos permiten generar empleos, desarrollar proveedores y llevar conocimiento a otros sectores. Así, los recursos destinados a atender nuestras necesidades de salud también pueden impulsar una economía con mayor capacidad de innovar y crear valor.

La soberanía sanitaria no la construye una institución por sí sola. Se necesita un Estado que dé continuidad a las políticas y previsibilidad a las compras; un INVIMA con capacidades para garantizar calidad, seguridad y evaluaciones oportunas; una academia que formen al recurso humano y generen conocimiento; empresas y centros de investigación con recursos que les permitan invertir en la generación de conocimiento; y territorios que articulen esfuerzos y recursos. Necesitamos una visión compartida que perdure más allá de los gobiernos y convierta los primeros avances en capacidades permanentes.

Con este texto abrimos una serie de blogs en la que autores reconocidos en sus respectivos campos explorarán las dimensiones sanitarias, científicas y económicas de esta apuesta por la soberanía sanitaria. Sus reflexiones nos ayudarán a comprender las oportunidades, reconocer las dificultades y discutir las decisiones que Colombia necesita tomar.

La invitación es a hacer de esta conversación un compromiso colectivo. La soberanía sanitaria se construye desde hoy, con decisiones sostenidas y responsabilidades compartidas. Colombia necesita prepararse para cuidar mejor a su población y hacer de ese propósito una fuente de conocimiento, trabajo y desarrollo.

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